La vida útil de los tanques de acero inoxidable suele superar las cuatro décadas con un mantenimiento mínimo, lo que reduce drásticamente el coste operativo a largo plazo. No requieren recubrimientos interiores, eliminando riesgos como: delaminación, porosidad, incompatibilidad química o degradación. Esta estabilidad es especialmente apreciada en centros de datos, plantas agroalimentarias y depósitos municipales de agua potable.
En términos de ingeniería, el acero inoxidable conserva propiedades mecánicas estables, permitiendo su uso en combinación con altas cargas hidrostáticas o esfuerzos por viento y sismo. Además, su superficie lisa reduce incrustaciones, facilita la limpieza y evita transferencia química.
Su limitación principal reside en el coste inicial, superior al de otros recubrimientos. No obstante, cuando se analiza el coste ciclo de vida —considerando OPEX prácticamente nulo— se convierte en la opción más rentable en proyectos con horizonte temporal largo o exigencias sanitarias elevadas.